Los estigmas de San Francisco en nuestras reproducciones facsímiles.
Nuestro catálogo incluye dos reproducciones facsímiles dedicadas al momento en que San Francisco recibe los estigmas. Estas dos obras difieren en época, estilo y sensibilidad espiritual, pero comparten el mismo núcleo iconográfico y devocional: la conformación del santo a Cristo crucificado.
La primera es una valiosa reproducción facsímil de una página iluminada de un misal fechado en 1275, atribuido a Rinaldo da Siena. La obra se conserva actualmente en el Museo Getty de Los Ángeles y constituye un testimonio particularmente significativo de la popularidad iconográfica de los estigmas de San Francisco ya en el siglo XIII.
La segunda reproducción acompaña a un Evangelio y se basa en una obra de Dono Doni, artista nacido en Asís a principios del siglo XVI. Por lo tanto, nos encontramos aproximadamente tres siglos después de la miniatura del siglo XIII, en un contexto artístico y religioso diferente, pero aún profundamente arraigado en la devoción franciscana.
Esta comparación muestra claramente cómo la tradición figurativa de los estigmas de San Francisco se desarrolló muy pronto y continúa manteniendo su fuerza a lo largo de los siglos, hasta nuestros días, suspendida entre la fe, la devoción y las cuestiones históricas.
Una reciente visita a la catedral de Orvieto me recordó la importancia crucial de las imágenes para transmitir y mantener la fe. En este sentido, las dos obras dedicadas a los estigmas de San Francisco muestran el mismo episodio desde perspectivas diferentes, pero comparten un elemento esencial: la conexión directa entre el cuerpo del crucifijo y el cuerpo del santo.
En la miniatura de 1275, atribuida a Rinaldo da Siena, la escena se desarrolla en el precioso espacio de la letra iluminada. Rayos de luz emanan del Serafín crucificado y alcanzan las partes del cuerpo de Francisco marcadas por los estigmas: sus manos, pies y costado. Las cinco marcas oscuras, claramente visibles pero sin sangrado, no son, por tanto, elementos aislados: corresponden directamente a las llagas de Cristo. Donde están las manos del Crucificado, los rayos de luz alcanzan las manos de Francisco; donde están los pies, alcanzan los suyos; del costado herido surge la marca en el costado del santo. La miniatura, de este modo, hace visible, con un lenguaje esencial y simbólico, el tema central de la conformidad de San Francisco con Cristo crucificado.
La obra, basada en la de Dono Doni del siglo XVI, desarrolla el mismo tema con un tono más narrativo y dramático. La escena se presenta más amplia, luminosa y dinámica: aquí también los rayos de luz alcanzan a San Francisco en los cinco puntos de sus estigmas, pero el efecto general es más teatral y espiritualmente intenso. El santo parece casi abandonarse al don recibido, mientras que la luz subraya con fuerza el origen divino del acontecimiento.
La comparación entre ambas imágenes muestra cómo la iconografía de los estigmas de San Francisco ha evolucionado a lo largo de los siglos sin perder su esencia. En el siglo XIII, predomina una representación más íntima, simbólica y litúrgica; en el siglo XVI, una interpretación más narrativa, emotiva y luminosa. En ambos casos, sin embargo, la imagen reafirma la misma idea: Francisco recibe en su propio cuerpo los signos de la Pasión y se convierte en imagen viva de Cristo crucificado.
La representación de los estigmas forma parte de una tradición visual más amplia, donde el arte y el símbolo están profundamente entrelazados.