Es una pregunta que me hice durante mucho tiempo antes de emprender este viaje.
Nací en 1972. Mi primera investigación, ya en la escuela primaria, la realicé leyendo la Grande Enciclopedia GE20 De Agostini (20 volúmenes en papel), junto con otras dos enciclopedias: una de historia y otra de arte.
Recuerdo las bellas fotografías, las reproducciones de los primeros anuncios, los carteles políticos y electorales, las obras de arte reproducidas con extraordinaria fidelidad.
Todavía recuerdo mi investigación (hoy quizás la llamaríamos una «tesis») sobre Sicilia, la región más grande de Italia, que preparé en quinto grado: fue entre 1978 y 1983.
Mientras tanto, en 1980, salió al mercado el VIC 20 y empecé a programar en BASIC y a duplicar cintas de videojuegos (siempre me ha apasionado la tecnología). ¿Acaso no había suficiente dinero para comprar una disquetera de 5 1/4 pulgadas?
Luego vinieron los disquetes de 3,5 pulgadas, el Iomega Zip de 100 MB, después el de 250 MB y, finalmente, el de 750 MB (aún conservo algunas cajas llenas, ahora ilegibles). Después vinieron los CD, los DVD, las memorias USB, etc.
Unos años más tarde, los padres de un querido amigo, más joven que yo, compraron la misma enciclopedia De Agostini en disquetes de 5 1/4 pulgadas, de los flexibles y extremadamente delicados.
Y aquí estamos: hoy en día, gran parte de estos soportes son ilegibles, ya sea porque los materiales son frágiles o porque ya no existen lectores compatibles. En diez años, es probable que casi todos los soportes informáticos sean inutilizables.
La pregunta es, por tanto, inevitable: dentro de diez años, ¿quién podrá seguir leyendo las actas de las elecciones generales de 2020? ¿Yo, con mis ejemplares en papel, o mi amigo con sus disquetes?
Antiquus nació para preservar aquello que resiste el paso del tiempo y devolverlo como un regalo para el futuro.
Cada facsímil es un mensaje que ha perdurado a través de los siglos: no es un simple libro, sino la voz viva de la persona que lo creó y lo transmitió.
Y cuando un comprador decide acogerlo, ese mensaje ancestral se fusiona con el suyo, convirtiéndose en una obra nueva e irrepetible.
Ya no es solo un recuerdo: es un testimonio personal, una señal distintiva, un legado que llevará consigo el valor del pasado y la identidad de su propietario.
De este modo, cada manuscrito de Antiquus se convierte en un vínculo indisoluble entre épocas: un fragmento de eternidad que une historia y vida, cultura y destino, pasado y futuro.

